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El libre albedrío Parte 1 ─Una marioneta es libre siempre y cuando ame sus cuerdas

  • Writer: Estupido Libre Albedrio
    Estupido Libre Albedrio
  • Nov 18, 2022
  • 8 min read

Updated: Nov 21, 2022



Todo parece indicar que vivimos en un universo determinista donde todos los fenómenos naturales están necesariamente determinados por condiciones iniciales previas. Esto significa que todo lo que sucede en el universo natural es un torrente continuo de causas y efectos conectados entre sí por una red secuencial infinitamente compleja y enorme que incluye absolutamente a todos los eventos en el universo. Todos los seres humanos, y nuestros actos, y nuestros pensamientos nos encontramos dentro del universo natural por lo que necesariamente formamos parte de este torrente de causalidad. Sin embargo, cuando se trata de nuestra libertad de actuar y tomar decisiones sentimos que tenemos la facultad de tomar cualquier decisión usando solamente nuestra capacidad de raciocinio y nuestro libre albedrío. Pero para poder afirmar categóricamente que poseemos una libertad volitiva absoluta es necesario considerarla como algo ajeno al universo determinista. De otro modo, en la proporción en la que el albedrío pueda estar sujeto a algún determinismo será la misma proporción en la que necesariamente se reducirá la calidad de su libertad. Este antiguo dilema se ha resuelto tradicionalmente colocando al libre albedrío fuera del universo natural, como algo que forma parte del alma inmortal y que es independiente de toda influencia material. Pero como bien sabemos la ciencia no se ocupa de lo "sobrenatural" por lo que esta idea no es nada más que la trillada táctica de las religiones para adjudicarse los misterios que la ciencia aún no comprende; hacer todo lo posible para mantenerlos en un plano místico, y explotarlos a su conveniencia. El autor y filósofo Sam Harris en su libro Free Will habla sobre tres enfoques diferentes cuando hablamos de nuestra capacidad volitiva: el determinismo, el libertarismo y el compatibilismo. El enfoque determinista desecha la idea del libre albedrío como se entiende comúnmente; el libertarismo acepta la idea tradicional del libre albedrío como algo independiente del mundo natural; y el compatibilismo nos dice que no hay ningún conflicto entre el determinismo y la idea tradicional de la voluntad humana, es decir, son compatibles. Harris explica por qué razón el determinismo es la explicación correcta y cuáles son las repercusiones al intentar desarrollar un nuevo entendimiento del ser humano desde una perspectiva científica acorde a la era en que vivimos.



A continuación, un extracto del libro Free Will



Capítulo titulado "Changing the Subject"


─Extracto


En la literatura filosófica, uno puede encontrar tres enfoques principales cuando se trata del problema del libre albedrío: el determinismo, el libertarismo, y el compatibilismo. El determinismo y el libertarismo sostienen que, si nuestro comportamiento está completamente determinado por causas anteriores, entonces el libre albedrío es una ilusión. Los libertarios se imaginan que la voluntad humana debe elevarse mágicamente por encima del plano de la causalidad física. Los libertarios a veces invocan una entidad metafísica, como el alma, como vehículo para el libre albedrío. Sin embargo, los compatibilistas afirman que los deterministas y los libertarios están confundidos y que el libre albedrío es compatible con la verdad del determinismo. Hoy en día, la única manera respetable de sostener filosóficamente la idea del libre albedrío es mediante el compatibilismo ─porque sabemos que el determinismo, en todos los sentidos relevantes al comportamiento humano, es real. Eventos neurales inconscientes determinan nuestros pensamientos y nuestras acciones ─y estos mismos eventos neurales están determinados por causas previas las cuales desconocemos. Sin embargo, el libre albedrío que defienden los compatibilistas no es el mismo libre alberío que la mayoría de las personas creen tener. Los compatibilistas afirman generalmente que una persona es libre mientras esté libre de alguna compulsión interna o externa que le impida actuar según sus deseos e intenciones reales. Si quieres una segunda porción de nieve y nadie te está obligando a comértela, entonces el comerte una segunda porción de nieve es una demostración de tu capacidad volitiva. Pero la verdad es que las personas afirman tener una autonomía aún mayor que eso. Nuestras intuiciones morales y el sentido de agencia personal están anclados al sentimiento de que somos el origen de nuestros pensamientos y acciones. Cuando decidimos con quién casarnos o cuál libro leer, no sentimos coerción por eventos pasados sobre los cuales no tenemos ningún control. La libertad que suponemos para nosotros y que atribuimos a los demás, la sentimos para escapar la influencia de causas impersonales en el trasfondo. Y en el momento en que nos damos cuenta de que esas causas subyacentes ejercen una influencia altamente efectiva, ya no podemos localizar un gancho donde colocar nuestras nociones convencionales sobre la responsabilidad personal.


¿Qué significa el decir que los violadores y asesinos cometieron sus crímenes por voluntad propia? Si esta afirmación significa algo, debe ser que pudieron haberse comportado de manera diferente ─no en base a influencias aleatorias sobre las cuales no tuvieron ningún control, sino porque ellos, como agentes conscientes, eran libres para pensar y actuar de otra manera. El decir que eran libres para no violar y no matar, es decir que pudieron haber resistido el impulso de hacerlo (o haber evitado el sentir el impulso desde un principio) con el universo, incluidos sus cerebros, en el mismo estado preciso en el que se encontraba en el momento en que cometieron sus crímenes. Asumiendo que los criminales violentos tienen tal libertad, los culpamos reflexivamente por sus acciones. Pero sin esa libertad, el lugar para esa culpabilidad se desvanece repentinamente, y aun los sociópatas más terribles, empiezan a parecer como víctimas ellos mismos. El momento en que vislumbramos el torrente de causas que precede a sus decisiones conscientes, retrocediendo hasta la infancia y más atrás, su culpabilidad empieza a desaparecer.


Los compatibilistas han producido una literatura vasta en un esfuerzo para refinar este problema. El resultado asemeja a la teología más que en ninguna otra área de la filosofía académica (sospecho que esto no ha sido un accidente, el esfuerzo primordial ha sido el no permitir que las leyes naturales nos despojen de alguna ilusión atesorada). De acuerdo a los compatibilistas, si un hombre desea cometer un asesinato, y lo lleva a cabo debido a este deseo, sus acciones son prueba de su libre albedrío. Desde una perspectiva moral y científica, esto parece deliberadamente obtuso. Las personas tienen muchos deseos que compiten entre sí ─y muchos parecen patológicos (indeseables) aun para las personas que los sienten. La mayoría de las personas son dominadas por muchos objetivos y aspiraciones mutuamente incompatibles: quieres terminar tu trabajo, pero también quieres detenerte para jugar con tus hijos; deseas dejar de fumar, pero también se te antoja un cigarro; necesitas ahorrar dinero, pero también quieres comprar una computadora nueva. ¿Dónde está la libertad cuando alguno de esos deseos triunfa inexplicablemente sobre algún otro? El problema del compatibilismo es aún más profundo, ya que ¿en dónde está la libertad cuando deseamos lo que deseamos sin ningún conflicto interno? ¿dónde está la libertad en estar perfectamente satisfecho con tus pensamientos e intenciones, y acciones subsecuentes cuando son producto de eventos previos en los cuales tú no participaste para nada? Por ejemplo, acabo de tomar un vaso de agua y me siento completamente satisfecho con mi decisión de hacerlo. Sentía sed y el tomar agua es congruente con mi visión de la persona que quiero ser cuando tengo sed. Tal vez si hubiera elegido tomar una cerveza tan temprano en el día me hubiera sentido culpable; pero el tomar un vaso de agua a cualquier hora del día es completamente inofensivo, y estoy muy satisfecho con mi elección. ¿Dónde exactamente está la libertad en este proceso? Es verdad el decir que si hubiera deseado hacer otra cosa lo hubiera hecho, sin embargo, me siento obligado a hacer lo que efectivamente deseo. Y no puedo determinar mis deseos, o el decidir cuáles deseos surtirán efecto desde un principio. Mi vida mental me es simplemente entregada por el cosmos. ¿Por qué no decidí tomar un vaso de jugo? Esta opción ni siquiera se me ocurrió. ¿Soy libre de hacer aquello que no se me ocurre hacer? Por supuesto que no. Y no hay manera de que yo influencie mis propios deseos porque ¿qué herramientas usaría para influir mis propios deseos? ¿otros deseos? El decir que hubiera hecho otra cosa diferente si lo hubiera deseado es lo mismo que simplemente decir que hubiera estado en otro universo diferente si hubiera deseado otra cosa diferente. Por lo tanto el compatibilismo se reduce a nada más que una afirmación del credo: una marioneta es libre siempre y cuando ame sus cuerdas.


Los compatibilistas como el filósofo Daniel Dennett insisten en que aun si nuestros pensamientos y acciones son el producto de causas inconscientes, siguen siendo nuestros pensamientos y acciones. Cualquier cosa que nuestros cerebros hagan o decidan, de modo consciente o inconsciente, es algo que nosotros mismos hemos hecho o pensado. El hecho de que no podamos siempre estar subjetivamente conscientes de las causas de nuestras acciones no niega al libre albedrío ─porque nuestra neurofisiología inconsciente también es parte de nuestro “yo mismo” tanto como cualquiera de nuestros pensamientos conscientes. Los compatibilistas cambian el tema: intercambian un hecho psicológico ─la experiencia subjetiva de ser un agente consciente─ por un entendimiento conceptual de nosotros mismos como personas. La verdad psicológica es que las personas se sienten idénticas a un determinado canal de información en su mente consciente. Dennet simplemente afirma que somos más que esto ─somos coincidentes con todo lo que sucede dentro de nuestros cuerpos, seamos conscientes de ello o no. Esto es como decir que estamos hechos de polvo de estrellas, lo cual es verdad. Pero no nos sentimos como polvo de estrellas. Y el conocimiento de que somos polvo de estrellas no guía nuestras intuiciones morales o nuestros sistemas de justicia. En este momento, tú estás tomando una infinidad de decisiones inconscientes con órganos diferentes a tu cerebro ─y no son eventos por los cuales sientes alguna responsabilidad. ¿Tú estás produciendo las células rojas en tu sangre y las enzimas digestivas en tu estómago en este momento? Tu cuerpo está haciendo estas cosas, por supuesto, pero si tu cuerpo “decidiera” hacer lo contrario, tu serías la víctima de este cambio, y no la causa. El decir que tú eres responsable por todo lo que sucede dentro de tu piel, porque todo lo que está dentro de tu piel eres tú, es el hacer una afirmación que no tiene ninguna relación con los sentimientos de agencia personal y responsabilidad moral que han hecho de la idea del libre albedrío un problema filosófico duradero.


Hay más bacterias en tu cuerpo que células humanas. De hecho, el 90 por ciento de las células en tu cuerpo son microbios (y el 99 por ciento de los genes funcionales en tu cuerpo pertenecen a ellos). Muchos de estos organismos desempeñan funciones necesarias, ellos son tú en un sentido más amplio. ¿Te sientes idéntico a estos microorganismos? Si se portan mal ¿te sientes responsable? Las personas tienen el sentimiento ilusorio de que son los autores de sus pensamientos y sus acciones. Si fuéramos capaces de detectar sus decisiones conscientes en un escáner cerebral unos segundos antes que ellos, estarían debidamente asombrados porque sería una contradicción importante a la creencia de que son agentes autónomos que tienen el control de todas las decisiones en sus vidas. Sabemos que es posible realizar tal experimento, por lo menos en principio, y si calibramos la máquina correctamente, los sujetos sentirían que estamos leyendo sus mentes (o controlándolas).


Sabemos que en ocasiones las personas se sienten responsables por eventos sobre los cuales no tienen ningún control. Dadas las condiciones experimentales correctas, las personas pueden ser llevadas a creer que tuvieron la intención consciente de realizar una acción cuando de hecho no la eligieron ni tuvieron ningún tipo de control sobre el movimiento. A las personas que son susceptibles a la hipnosis se les puede sugerir órdenes para que realicen alguna tarea, y cuando se les cuestiona el por qué lo hicieron, muchos darán razones para su comportamiento que no tienen nada que ver con la causa real. No hay duda de que nuestra atribución de agencia personal puede estar seriamente equivocada. Mi argumento es que siempre lo está. ¿Cómo podemos ser libres como agentes conscientes si todas nuestras intenciones son originadas por eventos en nuestro cerebro que desconocemos y sobre los cuales no tenemos ningún tipo de control? No podemos. El decir que mi cerebro decidió actuar o pensar de una manera en particular, consciente o no, y que esto es la base de mi libertad, es ignorar la fuente misma de nuestra creencia en el libre albedrío: el sentimiento de agencia consciente. Las personas sienten que son los autores de sus pensamientos y acciones, y esta es la única razón por la que parece haber algún problema con el libre albedrío que vale la pena discutir.



Plática sobre el libre albedrío del Doctor en Química Orgánica Javier Pérez Castells en el canal de YouTube TEDx Talks


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